jueves, 8 de octubre de 2026

Niñoz Cenizero - Javier Castellanos

Escuchar después de leer


Gracias a la magia de las redes, llega a mis manos un libro sobre realismo sucio que lleva como título Niñoz Cenizero, que, claramente, como veo en la primera página, está inspirado en los mágicos Eskorbuto...

Antes de empezar la lectura, me pongo a la tarea de recordar aquella canción, junto con las otras que también salen en la primera página: Ostia Puta, Sociedad Alkohólica y mis amados Flema... Ya con la mente contextualizada en la realidad en la que este tipo de bandas, bandas de mi nicho, me ha enfocado, me dejo llevar por cada una de las historias de cada niño cenicero aquí plasmada.

Reflexiono sobre los momentos tan similares que quizás también he vivido y el hecho de que todos hemos conocido alguna vez a un niño cenicero, o hemos sido uno... Me detengo por días a pensar en la suerte que muchos de esos que conocí no corrieron y en cómo fui afortunada por el amor y el abrazo de mi familia, que me permitió siempre salvarme de malas decisiones que quizás me hubieran llevado a algún abismo de esos a los que me asomaba con curiosidad adolescente. «Señora Parca bendita, porque pocos somos los afortunados que jugamos esa carta y aplazamos el encuentro con ella, al menos por un tiempo; pocos no fuimos demasiado jóvenes para morir».

Las vidas en todas las realidades latinoamericanas se asemejan, y ahí estaban los Eskorbuto, muchos años retratando historias de niños que quizás ya no existen o van por las calles deambulando sin dientes y con ojos desorbitados... Nosotros también vamos deambulando, solo que nuestro terror y nuestros espasmos los hemos aprendido a disimular actuando como adultos funcionales, aunque sigamos siendo igual de vulnerables que esos niños de los que cuenta el libro. «Pero en esta suicida realidad ella supera a cualquier ficción; los problemas que sufren los niños cenicero van mucho más allá de los problemas de cualquier niño del común».

El lenguaje puede parecer inofensivo, chistoso, coloquial, una narración en flujo de conciencia, escrita en prosa continua y sin división en párrafos... Pero detrás de cada historia narrada de esta forma, para mí existía un golpe, no sé si de conciencia, de pesar, de culpa... Por pasar indiferente frente a personas de rostros olvidados que alguna vez fueron niños jugando en azoteas y ahora van así, deambulando sin dientes y con ojos desorbitados en cualquier barrio de cualquier ciudad de cualquier país en América Latina.

Y en medio de todo, respeté a cada uno de ellos, sus historias y sus orígenes, porque, si algo siempre he pensado, es que esas personas que todo el mundo juzga alguna vez fueron una persona «normal» que simplemente se desconectó de esta realidad. «No somos más que lo que recordamos y lo que hacemos para recordarnos».

Pienso en lo contundente y profundo de las historias y en cómo es muy útil el recurso de llegar de manera simple a las personas que se topen con estas letras. Puede ser, hasta como el mismo Javier lo dice, una lectura entretenida en un colegio, con tips y secretos para sobrevivir al bullying o evitar ser censurado, y eso me parece mágico. Es una manera inteligente de acercar a las personas a la profundidad de las temáticas del género de la canción que inspira el título, y es eso lo que a mí siempre me ha apasionado.

«Poner la llaga en el dedo es poner la herida y que la toquen quienes no la tienen, quienes no la padecen. Vamos a llevarle lo feo, lo doloroso, a quienes no lo sienten, no lo ven. Por eso los vamos a hacer bajar a nuestro mundo, al mundo de los niñoz cenizero, y vamos a restregar esta herida hasta que el dedo se les unte de sangre o de pus: la tesis de este libro».

En un momento me distraigo y me dejo llevar por la trivialidad, y continúo con la lectura hasta que encuentro un recuerdo escondido y un fantasma de niñez en uno de estos cuentos. Y es ahí cuando caigo de golpe y entiendo por qué me afectaron durante varias semanas las historias de los niñoz cenizero... Yo, de niña, tuve conocimiento de manera indirecta de uno de los niños de este libro... Y dejaré al azar la respuesta de por qué llegó el cierre de un momento impactante de esta manera: conocer detalles de un momento trágico que me hizo preguntarme en aquel entonces por qué había pasado algo tan feo... Y pensar en lo joven que era el niño de la historia... Me puse triste de nuevo... Pero lo raro es que pude comunicar, en cierta forma,  que una desconocida  lamentó  ese suceso y se sintió triste en su momento, y eso hoy me da paz.

Así que sí, todos conocemos a un niño cenicero. Yo solo no contaba con que fuera literal la referencia.

Gracias a Javier por poder llegar a ese contexto tan crítico y tan crudo sin prepotencia, por llevarnos durante los interminables párrafos a los pensamientos del narrador, por la risa, por la crítica, por no tomarse en broma el mensaje que los mismos Eskorbuto siempre, de manera tan radikal, quisieron dejar en sus letras y que nos lleva hoy a escribir libros inspirados en el punk y a mí a seguir buscándolos para que el mundo los descubra antes de que se acabe.

«Y las lágrimas me nublan más mis ojos frente a esta pantalla, y el dolor en el alma va in crescendo desde la panza hasta el pecho, y no desaparece, sino que, por el contrario, aumenta y aumenta a medida que los dedos tratan de dejar este testimonio como un tributo a tu memoria y a la de los niñoz cenizero que deambulan por las calles en medio de las lluvias frías y sempiternas de esta Bogotá».

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